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Parto humanizado

Escrito el 22/12/2009

El parto se ha transformado en una práctica médica.
En la mayoría de los casos, la mujer no puede decidir como, donde, ni con quien parirá a su hijo.
La medicalización habitual hace que el destino de la mujer y su hijo este sujeto a procedimientos de intervención rutinarios que no consideran las diferencias y especificidades individuales, transformando en agresivas las actitudes asistenciales.
Por un lado la medicina ha logrado disminuir la tasa de mortalidad perinatal gracias a las tecnologías, pero en contrapartida pareciera que a la ciencia médica le cuesta mucho reconocer y respetar las necesidades individuales de cada mujer/pareja y el modo en que desean transcurrir esta experiencia.

En los hospitales públicos por ejemplo, por cuestiones de higiene y asepsia, los papás no presencian los partos, privándolos de una experiencia única en la vida de pareja, y obstaculizando el vínculo temprano con el bebé.
La posición en que la mujer da a luz, resulta cómoda para quienes asisten el parto y sumamente incomoda para la parturienta, ¿alguna mujer se atreve a decirle a su obstetra que preferiría parir en cuclillas? Consideramos que no y la razón es que la mujer se somete a las indicaciones que recibe del equipo médico.

¿Cómo sería un parto humanizado?

Aquel en el que se respete la intimidad del entorno durante el parto y el nacimiento.
Donde la mujer sea consultada y pueda elegir libremente la posición y los movimientos que la hagan sentir mejor y más aliviada en el trabajo de parto.
Donde se cuide el vínculo inmediato de la madre con el recién nacido, evitando someter al niño a cualquier maniobra agresiva o exámenes innecesarios, y con profesionales que reconozcan que el protagonismo es de los padres y del bebé.

Las mujeres tenemos muy pocas oportunidades de expresar nuestras necesidades en relación al parto y al nacimiento, y los profesionales que nos asisten, sencillamente no nos consultan. Con mayor o menor amabilidad nos dan instrucciones y hasta en esta circunstancia tan crucial y transformadora de nuestra feminidad, tratamos de “portarnos bien” y dar el menor trabajo posible, obedeciendo en silencio.
Es bueno saber de avances científicos, pero es fundamental que los médicos, enfermeras y parteras, puedan percibir el sentir femenino, conectarse con el mundo afectivo, sobre el que están interviniendo, sin olvidarse de lo racional y ser capaces de ser soporte de las necesidades “de la madre “, resignando las propias. ¿Será mucho pedir?, posiblemente, por lo que vemos en la mayoría de las salas de parto en los hospitales públicos y por los testimonios recibidos al respecto, tendríamos que empezar a trabajar para que se incluya entre los Derechos Humanos, “El derecho a parir y hacer nacer con libertad y en la intimidad”.

El nacimiento es para el bebé, una situación de discontinuidad y ruptura con la vida intrauterina, necesita de una mamá capaz de albergarlo de un modo nuevo, por ello es tan importante, que ésta mamá a su vez, esté contenida por un entorno de afecto, serenidad y confianza, así estará en buenas condiciones psicofísicas para iniciar ese largo proceso de crianza del bebé con apego y amor.

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