La respuesta parece ser que sí.
Una investigación realizada en la Universidad Alemana de Würzburg, donde se grabaron y analizaron el llanto de 60 bebes recién nacidos sanos, 30 de familias francesas y 30 de familias alemanas llegó a la conclusión que el llanto lleva la impronta del lenguaje materno.
El análisis reveló claras diferencias. En el experimento, los bebés franceses tendieron a llorar en un tono ascendente, mientras que los alemanes lo hicieron en un tono descendente, unas diferencias características entre los dos idiomas.
El descubrimiento sugiere que los bebés captan elementos de lo que será su idioma materno ya en el vientre de su madre, mucho antes de sus primeros balbuceos.
Estudios anteriores habían demostrado que los fetos humanos son capaces de memorizar sonidos del mundo externo ya en el último trimestre de gestación.
Pero aunque se sabía que la exposición prenatal al idioma materno influye en la percepción de los recién nacidos, se pensaba que sus efectos sobre la pronunciación de sonidos se daban de forma mucho más tardía.
Los recién nacidos prefieren la voz de su madre a todas las demás, perciben el contenido emocional de los mensajes que les envía mediante la entonación, y sienten una fuerte motivación de imitarla para atraerla y crear lazos afectivos, según el estudio.
Estos nuevos descubrimientos, refuerzan la Teoría del Dr. Enrique Pichón Rivierè sobre el “Protovínculo”, nombre con el que designó la relación temprana, iniciada desde la gestación entre el bebé y la mamá.
Fuente: EFE, según publicación del 5 de Noviembre en la edición digital de “Current Biology”. Año 2009
