Estas  mamás  tienen una labor social, la de darle un núcleo familiar a niños que están judicializados por abandono o por riesgo, hasta que se regularice y mejore su situación familiar personal; evitando de esta manera su institucionalización, respetando el derecho de todo niño a vivir en familia, al incluÃrlos en un grupo afectivo y responsable al ofrecerle un ámbito adecuado para su desarrollo integral.
Sabido es que el cachorro humano nace inerme, requiere para su supervivencia el cuidado de un otro; pero no solo necesita de los cuidados básicos sino también de la transmisión de afectos por parte de otros seres humanos.
Sin embargo, mundialmente, existen muchos niños y niñas que no disponen de un adulto que satisfaga sus necesidades, quedan desamparados y a la deriva de su destino. Algunos de ellos permanecen de manera prolongada en institutos oficiales, buscando ser adoptados por alguna familia. Los mas grandes en edad son llevados de una institución a otra, pues su acceso a una adopción es mas difÃcil, hasta cuando cumplen 18 años, momento en que el estado deja de hacerse cargo.
En nuestro paÃs hay alrededor de 20.000 niños institucionalizados, cuando esta comprobado las graves consecuencias que trae aparejado en su desarrollo la ausencia de referentes, de contención, de estabilidad y continuidad que pueden ser enormemente perjudiciales para su salud mental, produciendo estragos en la constitución de la personalidad, en su autoestima y en su percepción del mundo y su manera de vincularse con él.
El mejor lugar para que el niño crezca y se desarrolle es en una familia, pues allà interviene un tipo de cuidado muy distinto al que puede brindársele en un ámbito institucionalizado. Si existen niños que no pueden encontrar esto en sus familias de origen es una obligación que nos concierne a todos posibilitarles esa experiencia de vivir en familia, si no es con su familia , en familias sustitutas.
Las familias de tránsito son una alternativa de cuidado no institucional, las cuales se inscriben de manera voluntaria y son seleccionas, evaluadas y preparadas por un equipo de profesionales. Tanto el niño o niña como la familia, reciben contención y acompañamiento profesional. Pero aun asÃ, es una labor ardua de realizar, que trae consigo felicidad como también enormes tristezas, sobre todo en el momento de la despedida. Los niños conviven con su familia transitoria alrededor de 1 a 3 años (depende de su situación judicial), durante este tiempo se profundiza el vÃnculo afectivo. La partida implica un duelo para ambas partes: para el niño la de perder esta nueva familia, para los padres la pérdida de un hijo.
Colaboró con nosotras, Samanta.

03/10/2009 - 23:26
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