Muchas mujeres, a pesar de estar felices esperando a su hijo, se angustian por las transformaciones físicas de su cuerpo, les cuesta acostumbrarse a su nueva imagen corporal, y aunque el futuro padre lo vive como un cambio agradable y esperado, ellas sienten que dejan de ser atractivas.
En algunos casos los hombres no buscan tener relaciones sexuales con su mujer embarazada, no porque no la deseen, sino porque tienen una serie de miedos en relación a la gestación, sienten temor de dañar a su mujer o al bebé.
El hombre en estos casos suele adoptar una actitud pasiva y espera a que sea la mujer quien decida si tiene ganas o no, quiere evitar que su mujer se sienta presionada por su deseo.
Estos temas deben ser hablados en confianza con la pareja, también conviene consultar con el obstetra, quien indicará en que casos es conveniente la abstinencia sexual y en cuales no, las explicaciones que el médico les brindará ayudara a la pareja a tener sexo sin culpa, porque en los embarazos normales las relaciones sexuales son muy buenas física y psicológicamente.
En aquellos casos en que se indique la abstinencia, hay que tener en cuenta que los mimos, las caricias y los abrazos resultan igualmente beneficiosos.
Nuestro cuerpo, es el lugar que habitamos, necesitamos sentirnos cómodas en él, para ello es necesario hacer todo un ejercicio de aceptación, ya que en este período de intensos cambios, va mutando permanentemente, recordemos que se ha hecho una medicalización del cuerpo de la mujer y que el embarazo no es una enfermedad, es un proceso natural, para el cual estamos físicamente equipadas.
La cultura de la imagen ha creado un “modelo” de cuerpo al que aspiramos y nos sentimos frustradas si no podemos mantenerlo.
Mirarse al espejo, acariciarse la panza y dejarse acariciar contribuyen a aceptar estos cambios, que son temporales, y aunque parezca curioso hay muchas mujeres que después de tener el bebé, extrañan la panza.
