Es muy difícil hablar del deseo de ser madre, sin hacer hincapié en la multiplicidad de mujeres y del modo particular de cada una para relacionarse con la maternidad, sin embargo consideramos que es importante hacer algún análisis al respecto, para lograr que todas nos podamos sentir incluídas a pesar de la diversidad de contextos, de situación económica, de edad, de vínculos, de cultura y del momento particular de la historia personal de cada una.
Hay situaciones dramáticas, mujeres muy jovenes que luego de su primera relación sexual, resultan sometidas a una triple situación conflictiva: quedan embarazadas con HIV (Sida) y terminan abortando, mientras otras, cercanas a los 40 años, aún estando sin pareja, hacen denodados esfuerzos y se someten a largos y costosos tratamientos en busca del hijo deseado.
¿Cómo nos miramos las mujeres entre nosotras? ¿Qué pensamos de aquellas mujeres que están en la vereda de enfrente? ¿Qué opina aquella mujer que no puede quedar embarazada, de otra que no quiere tener el bebé que está esperando?, Creemos que en primer lugar hay que intentar meterse en la piel de la otra, y a partir de allí empezar a comprendernos, a aceptarnos desde un lugar de respeto y no desde el prejuicio.

Todas hemos escuchado críticas sobre las mujeres pobres que, viviendo en la indigencia tienen varios hijos, que crecen en un medio carente de casi de todo; es difícil que nos demos cuenta, que lo único que pueden “SER” es madre, y que lo único que pueden “TENER” son hijos, y si lo analizamos desde el aspecto psicosocial, nos damos cuenta que ese es el único horizonte posible, es la única meta socialmente disponible que tienen, y hasta de eso, la sociedad pretende despojarlas; por suerte hay organizaciones que las acompañan, existen planes sociales que aunque no les resuelven la situación, las ayuda a palearlas.
Otras mujeres se han dedicado a crecer a nivel profesional, y por diferentes circunstancias no formaron pareja o la perdieron y llegando a los 40, sienten que el reloj biológico les da el “ultimátum” es ahora o nunca. Tomar la decisión no es fácil, hay que renunciar conscientemente a la figura paterna para el futuro hijo, y eligen intentar la fecundación in Vitro, cuyo tratamiento tiene un costo aproximado de 15.000 pesos. Existen diferentes tipos de tratamientos según el caso.
En Argentina se considera que el 15% de las mujeres tiene problemas de fertilidad recurren a Bancos de semen y a la ovodonación, para otras el embarazo puede llegar a convertirse en una carrera de obstáculos insalvables, y muchas finalmente deciden adoptar un bebé.
El pico de fecundidad en las mujeres saludables, según indican los especialistas, ocurre entre los 25 y los 31 años, curiosamente lo que va ocurriendo es que cada vez se producen más embarazos durante la adolescencia o bien, en el otro extremo, se va postergando la maternidad hasta después de los 32 años, la explicación habrá que buscarla en la situación económica, en las exigencias a las que se encuentran sometidas las mujeres, en la cultura en la que estamos inmersas, en el debate pendiente de la ley de aborto, en la escasa educación sexual y reproductiva que reciben las niñas en todos los niveles sociales, pero fundamentalmente las más pobres.
Como mujeres, debemos convocarnos unas a otras, para comprendernos más en estos tiempos de crisis e incertidumbre, para dejar de reproducir aquello que nos daña y nos divide, entonces podremos solidarizarnos, apoyarnos y reconocernos en nuestras decisiones, en nuestras limitaciones, y desde allí lanzarnos a maternidades más responsables, mas placenteras y menos culpógenas aunque el modo de lograrlo difiera; entender que aunque no estén dadas todas las condiciones, tenemos derecho a sentir el deseo de ser madres, y también tenemos derecho a no sentirlo y decidir sobre nuestro cuerpo, porque el cuerpo puede ser para muchas de nosotras, la única posesión que tenemos.
