“Mujer se hace… no se nace”
Simone de Beauvoir.
El ser femenino (o masculino) no es el resultado del desarrollo natural del sexo con el que nacemos, sino que es un aprendizaje.
Ser femenino o masculino es una construcción social muy elaborada a través del tiempo y de la cultura en la que estamos inmersos.

Hay un mandato social que nos determina el modo de vestir, tratar y relacionarnos con el bebé según el sexo que tenga, influyendo en los juegos que le permitiremos y a su vez, prohibiendo otros comportamientos que son considerados socialmente como no aptos para una niña o un niño.
Así vamos incorporando modos de pensar,de sentir y de hacer según las expectativas sociales en relación al sexo con el que nacimos, moldeándonos para ser mujeres y para ser madres.
El instinto maternal, no existe. No poseemos un “Bioprograma” que nos determine para actuar de modo eficaz como madres, sino que se trata de una suma de conocimientos que adquirimos dentro de una cultura determinada.
Aprendemos a ser madres reproduciendo aquello que recibimos de nuestra propia madre, de nuestra abuela, de nuestras tías y de aquellas mujeres significativas en nuestras vidas.
Decidimos que conductas vamos a imitar, cuales evitaremos y también somos capaces de innovar según nuestra experiencia.
El mito del “instinto maternal” supone que por ser mujeres sabemos ser madres y la realidad es que vamos aprendiendo a serlo en la relación con nuestro bebé, en el interior de esta experiencia maravillosa de preservar la especie humana.
