Entre las muchas y variadas funciones del rol materno, encontramos la “PROTECCIÓN” como una de las más importantes para el desarrollo Psicofísico del bebé.
En parte podemos pensar que esta función está incluida en todas las demás, por ejemplo, en la más importante y básica como es el amamantamiento, protegemos al bebé de la deshidratación, de la desnutrición y de la muerte por inanición, esto es a nivel biológico, pero además a nivel psíquico y emocional, sabemos que le estamos brindando también, una vivencia vincular completa donde esta presente el contacto físico, las sensaciones, y la experiencia de placer, esto posibilita el crecimiento y desarrollo de una relación madre-hijo y no simplemente el crecimiento biologico del infante.
Cambiarle los pañales, bañarlo, vestirlo, también son modos de proteger al bebé y son oportunidades de contacto mutuo dentro de ese vínculo asimétrico, la madre (o quien cumpla el rol materno) es un adulto autónomo y el bebé está en relación absoluta de dependencia, sin embargo en esta relación vincular ambos dan y reciben afecto y estímulos que permiten a ambos interactuar de una manera especial e íntima.
Pero la protección de la que quisiéramos hablar hoy es más amplia, porque la mamá debe actuar además como una “barrera anti-estímulos”, separando, alejando, evitando la exposición de su bebé a estímulos muy intensos o nocivos del entorno.
La madre entonces, esta atenta a la temperatura del ambiente en que el bebé está y se ocupa de cerrar ventanas, en caso de que haya viento o este bajando la temperatura, puede poner un ventilador para refrescar el ambiente pero evitara que este envié el aire de modo directo, es quien baja el volumen del televisor o la radio y quien vigila que no haya mosquitos u otros insectos que puedan picar al bebé, etcétera. Estas intervenciones de la madre no solo le permiten al bebé estar más cómodo, sino que además lo ayudan a adaptarse al nuevo medio en que se desarrollará el resto de su existencia de modo menos traumático.
Al respecto se ha construido un mito “el bebé se tiene acostumbrar a todo” y como todo mito, es una verdad a medias, ¿Qué pasa si no se acostumbra?, algunas personas pretenden que ese acostumbramiento se produzca de modo abrupto y esto no es lo aconsejable, ya que debería producirse como resultado de un proceso gradual.
El bebé sale del útero de la mamá e ingresa al útero social, este cambio es vivido como un proceso de ruptura, y para un desarrollo adecuado necesita de contención y protección.
Lo que denominamos cuestiones de sentido común, no lo son, se trata de cuestiones culturales y cada familia construye un modo particular de cuidar y proteger a los suyos, pero estos modos siempre pueden ser mejorados y deben ser reflexionados.
Un ejemplo extremo nos permite visualizar mejor a que nos referimos: En el Tibet, antes de la invasión China, a los bebés se los bautizaba sumergiéndolos en el agua helada del deshielo. Muchos bebés morían, pero consideraban que se trataba de un bebé débil que de todos modos no hubiera sobrevivido a las condiciones extremas del lugar, de ese modo creían que le evitaban sufrimientos.
La madre debe ser protectora y velar por el desarrollo sano y feliz de su hijo, sin caer en el extremo de transformarse en sobreprotectora, pero eso, ya es tema de otro artículo.